Si estás leyendo esto, probablemente no lo haces por curiosidad.
Lo haces porque duele. Porque te preguntas si lo que sientes es normal. Porque quizá llevas semanas, meses… o incluso más tiempo, y sigues echándole de menos.
Yo también me hice esa pregunta:
¿cuánto dura el duelo por un perro?
Y la respuesta que nadie me dio —pero que necesitaba escuchar— es esta:
el duelo por un perro no tiene una duración concreta. No se mide en días ni en meses. Se mide en el vínculo que existió.
Cuando empiezas a preocuparte por “no estar bien todavía”
Recuerdo perfectamente el momento en el que empecé a inquietarme.
Habían pasado semanas y yo seguía igual. O peor.
Seguía llorando de repente.
Seguía llegando a casa y notando que algo faltaba.
Seguía evitando rutinas que antes eran automáticas.
Y pensé:
¿No debería estar mejor ya?
¿Cuánto tiempo es normal estar así?
Ahí empieza uno de los mayores errores del duelo:
intentar ponerle fecha al dolor.
El duelo por un perro no es exagerado, aunque a veces te lo hagan sentir así.
Durante mucho tiempo, el duelo animal se ha tratado como algo menor.
Como si no mereciera el mismo respeto que otras pérdidas.
Pero un perro no es “solo un perro”.
Es quien te recibe al llegar.
Quien estructura tu día sin que te des cuenta.
Quien está presente incluso cuando no pasa nada.
Cuando se va, no pierdes solo a un animal.
Pierdes una forma de vivir.
Y eso duele. Mucho.
Entonces, ¿cuánto dura realmente el duelo por un perro?
La respuesta honesta es: no hay una duración estándar.
El duelo no sigue una línea recta.
No va de “mal → regular → bien”.
Va de:
• días tranquilos
• momentos que te rompen sin aviso
• pequeñas mejoras
• retrocesos inesperados
Eso no significa que no avances.
Significa que estás atravesando algo real.
Mi experiencia con el paso del tiempo
Hubo días en los que pensé que ya estaba mejor… y al día siguiente me rompí al ver su cama.
Hubo semanas en las que parecía que todo estaba en calma… y luego volvió la culpa.
El tiempo no borra la pérdida.
Pero sí cambia la forma en la que convives con ella.
La culpa: lo que más alarga el duelo
Si hay algo que hace que el duelo se sienta eterno, es la culpa.
Pensamientos como:
• ¿Y si hubiera hecho algo más?
• ¿Y si me equivoqué en alguna decisión?
• ¿Y si le fallé?
La culpa te ata al último momento.
Te impide avanzar, no porque no quieras, sino porque sientes que hacerlo sería una traición.
Pero hay algo importante que recordar:
tu perro nunca te juzgó.
Ni entonces, ni ahora.
Cuando el entorno no entiende lo que estás viviendo
Otra razón por la que el duelo se alarga es la incomprensión.
Frases como:
• “ya deberías estar mejor”
• “era solo un perro”
• “con el tiempo se pasa”
Hacen que te calles.
Que lo vivas sola.
Y el dolor, cuando se vive en silencio, pesa más.
Por eso es tan importante sentirte acompañada y validada.
¿Es normal seguir triste meses después?
Sí.
Es normal.
Cada vínculo es distinto.
Cada historia también.
No hay una duración correcta ni incorrecta.
Hay procesos personales.
El momento en el que algo empieza a cambiar
Llega un día —no sabes cuándo— en el que el dolor deja de ocuparlo todo.
No desaparece.
Pero ya no manda.
Empiezas a:
• recordar sin romperte siempre
• sonreír sin sentir culpa
• hablar de él con más amor que tristeza
Eso no ocurre porque “se pase”.
Ocurre porque has aprendido a vivir con la ausencia.
El duelo no termina, se integra
Esto es algo que me hubiera gustado entender antes:
👉 no se trata de dejar de echarle de menos
👉 se trata de aprender a convivir con ese amor
El duelo no es olvidar.
Es recolocar.
Es hacerle un sitio en tu vida sin que te impida seguir viviendo.
Por qué escribí Siempre Juntas
Cuando pasé por todo esto, me sentí muy sola.
No encontraba palabras que explicaran lo que me estaba ocurriendo.
Por eso escribí Siempre Juntas: un relato de amor y guía para sobreponerte a la muerte de tu perro.
No para decirle a nadie cuánto debe durar su duelo.
Sino para acompañar mientras dura.
Porque si algo he aprendido es que no hay prisa cuando se trata de amar y de perder.
Si ahora mismo te preguntas si algún día dejará de doler.
Quiero decirte algo con honestidad:
No dolerá igual.
No dolerá siempre.
Pero ese amor no se va.
Y algún día, sin darte cuenta,
ese recuerdo será un lugar al que volver sin romperte.












