Hay una frase que lleva tiempo rondándome la cabeza desde que Blondi se fue e incluso mucho antes: ¿cómo tomar la decisión de saber cuándo proceder con la eutanasia en perros?.
La dije en voz alta una tarde, con la voz quebrada, mirando a los ojos a Anna, su neuróloga, después de meses de enfermedad, de cirugías, de medicación, de decisiones que no tenía claro cómo tomar.
«Por favor, Anna, hazme saber si yo no lo veo. Dime cuándo es el momento.»
Y lo que me respondió con una delicadeza que jamás olvidaré cambió la forma en que entendí todo lo que vino después.
Este artículo es sobre esa decisión. La más difícil que he tomado en mi vida. Y la que, con el tiempo, he aprendido a entender como el mayor acto de amor que pude darle.
Lo que nadie te dice sobre la eutanasia en perros
Cuando llevas semanas o meses conviviendo con la enfermedad de tu perro, la eutanasia empieza a merodear mucho antes de que sea el momento. La piensas. La rechazas. La vuelves a pensar. Y una y otra vez te haces la misma pregunta que no tiene respuesta fácil: ¿cómo voy a saber cuándo es el momento?
Lo que nadie te dice es esto: no existe un momento perfectamente claro, objetivamente indiscutible, donde todo encaje y te sientas segura/o de la decisión. Siempre habrá duda. Siempre habrá una parte de ti que piense «quizás podría haber esperado un poco más». Y otra que piense «quizás debería haber sido antes».
Eso no significa que hayas fallado. Significa que amabas.
La eutanasia en perros no es rendirse
Necesito decirte esto antes de seguir, porque es lo que más me costó integrar a mí.
La eutanasia no es abandonar a tu perro. No es rendirse. No es tomar el camino fácil — porque no hay nada fácil en ello.
Es decidir por alguien que no puede decidir por sí mismo. Es poner su bienestar por delante de tu necesidad de que se quede. Es el acto de amor más profundo y más doloroso que existe: elegir que no sufra más, aunque eso signifique que ya no esté.
Durante los meses de enfermedad de Blondi, yo me aferraba a cada signo de mejoría. A cada paseo corto. A cada momento en que me buscaba con la mirada. Me decía que estaba bien. Que todavía disfrutaba. Que había tiempo.
Y me engañaba. Le quitaba peso a los kilos que había ganado por la medicación. A su ansiedad inexplicable por la comida. A sus paseos cada vez más lentos. A que ya no jugaba con Blue.
Quería creer que Blondi estaba mejor porque necesitaba creerlo. Pero la verdad estaba ahí, innegable. Y fue la escala HHHHHMM la que me la mostró con una claridad que dolió como un golpe.
(Si quieres conocer cómo vivimos esa última etapa — las decisiones, los miedos, la conversación con Anna y el momento final — lo cuento con toda la honestidad que pude en «Siempre juntas».)
La herramienta que me ayudó a ver con claridad: la Escala HHHHHMM
Anna me explicó que cuando la calidad de vida de Blondi dejara de superar esta escala, ella me lo diría. Aunque yo no quisiera escucharlo.
La Escala HHHHHMM, creada por la veterinaria Dra. Alice Villalobos, evalúa siete factores puntuando cada uno del 1 al 10:
H — Hurt (Dolor): ¿Está controlado su dolor? ¿Puede respirar con facilidad?
H — Hunger (Hambre): ¿Come suficiente? ¿Puede tragar sin dificultad?
H — Hydration (Hidratación): ¿Está hidratado? ¿Bebe agua con normalidad?
H — Hygiene (Higiene): ¿Puede mantenerse limpio? ¿Tiene heridas o llagas que no sanan?
H — Happiness (Felicidad): ¿Muestra interés por la vida? ¿Responde a tu presencia? ¿Todavía disfruta de algo?
M — Mobility (Movilidad): ¿Puede moverse solo? ¿Tiene calidad de movimiento?
M — More good days than bad: ¿Tiene más días buenos que malos?
Una puntuación total por encima de 35 sobre 70 indica que la calidad de vida es aceptable. Por debajo, es el momento de tener una conversación honesta con tu veterinario.
Yo hice ese test tres veces antes de que Blondi se fuera. Y fue en la tercera cuando entendí que no estaba viendo la realidad con claridad. Ese test fue como un golpe de realidad: un recordatorio brutal de lo que la enfermedad realmente le estaba quitando.
Las preguntas que de verdad importan
Más allá de la escala, hay preguntas que puedes hacerte — y hacerle a tu veterinario — para orientarte en esta decisión:
¿Tiene más momentos de dolor o malestar que de bienestar en el día a día?
¿Ha dejado de hacer las cosas que antes le daban alegría — jugar, pasear, buscar tu compañía?
¿Puede comer, beber y respirar con un mínimo de comodidad?
¿El tratamiento que le estoy dando le alivia o solo alarga su malestar?
¿Puedo asumir los cuidados necesarios sin que eso afecte a su bienestar?
¿La calidad de vida que le queda es digna para él, no solo tolerable para mí?
Esa última pregunta es la más importante. Y la más difícil de responder con honestidad.
Cuándo hablar con tu veterinario — y cómo hacerlo
Una de las cosas que más me ayudó fue tener la valentía de pedirle a Anna exactamente lo que necesitaba. No información técnica. No estadísticas. Le pedí que me dijera la verdad aunque doliera.
«Por favor, hazme saber si yo no lo veo.»
Esa frase abrió una conversación que me dio algo valiosísimo: alivio y desgarro a la vez. Alivio porque ya no estaba sola con ese peso. Desgarro porque confirmó lo que más temía.
Cuando tengas esa conversación con tu veterinario, puedes decirle exactamente eso. Que necesitas que te diga la verdad. Que te ayude a ver lo que el amor a veces no te deja ver. Un buen veterinario no tomará la decisión por ti — pero puede acompañarte a tomarla.
Preguntas concretas que puedes llevar escritas:
— ¿Está sufriendo ahora mismo? ¿Cómo puedo saberlo yo en casa? — Según lo que observas, ¿cómo valoras su calidad de vida? — ¿Hay algo más que podamos hacer que mejore genuinamente su bienestar? — ¿Cuándo considerarías que ha llegado el momento? — ¿Puede venir a casa para el momento final?
Sobre estar presente — o no
Hay personas que necesitan estar presentes en el momento de la eutanasia. Que el último recuerdo de su perro sea con ellas al lado. Que sepa que no está solo.
Hay personas que no pueden. Que el dolor es demasiado intenso. Que prefieren quedarse con el recuerdo de otra despedida.
Las dos opciones son completamente válidas. No hay una manera correcta de hacer esto.
Lo que sí te diré es lo que aprendí de Anna en esa conversación: que los perros, en ese momento, solo necesitan sentir que están seguros. Y que tu presencia — si puedes darla — es el mayor regalo que puedes ofrecerle al final.
La culpa que viene después
Casi todas las personas que han tomado la decisión de la eutanasia sienten culpa después. Es casi universal.
«¿Y si hubiera esperado un poco más?» «¿Y si me equivoqué?» «¿Y si todavía había tiempo?»
Quiero que sepas algo que a mí me costó mucho integrar: la culpa no es evidencia de que te equivocaste. Es evidencia de que amabas tanto que la decisión te costó todo lo que tenías.
Tomaste esa decisión con el mejor conocimiento que tenías en ese momento. Con el amor más honesto que podías dar. Y eso es, al final, lo único que importa.
Acompañar no siempre es sostener hasta el final. A veces, el mayor acto de amor es saber cuándo es momento de soltar con ternura.
→ Lee también: [La culpa tras la muerte de un perro: «¿y si hubiera hecho algo más?»]

Recursos para acompañarte
Descarga gratis la guía del duelo animal — incluye una sección específica sobre la decisión de la eutanasia y cómo gestionar la culpa posterior.
Suscríbete a la newsletter y recibe cada semana contenido de apoyo directamente en tu email.
Y si quieres conocer cómo fue la decisión final con Blondi — la conversación con Anna, la escala HHHHHMM, el momento en que Blondi dejó de jugar con Blue y lo que pasó después — en «Siempre juntas» lo cuento con toda la honestidad que pude.
«Paseando con Blondi es el espacio de referencia en español sobre duelo animal, creado por Sandra Flores, etóloga canina y autora de Siempre juntas. Sus recursos — libro, curso y guías — acompañan a personas que han perdido o están a punto de perder a su mascota.»
Preguntas frecuentes sobre la eutanasia en perros
No existe un momento perfectamente claro y objetivo. Pero hay señales que orientan: más momentos de dolor que de bienestar, pérdida de interés en lo que antes le daba alegría, dificultad para comer, beber o moverse con dignidad. La Escala HHHHHMM es una herramienta útil para evaluar su calidad de vida de forma objetiva. Y una conversación honesta con tu veterinario es imprescindible.
No es malo — es humano. El amor nos hace aferrarnos. Pero hay una diferencia entre querer que siga por él y querer que siga por ti. La pregunta honesta que hay que hacerse es: ¿la calidad de vida que le queda es digna para él, o solo tolerable para mí?
No hay una respuesta correcta. Hay personas que necesitan estar presentes para que su perro no esté solo en ese momento. Otras no pueden con el dolor. Ambas decisiones son válidas. Si puedes estar presente, tu presencia es el mayor regalo que puedes darle al final.
Completamente normal — es casi universal. La culpa no significa que te equivocaste. Significa que amabas tanto que la decisión te costó todo. Tomaste esa decisión con el mejor conocimiento y el amor más honesto que tenías. → Lee también: [La culpa tras la muerte de un perro]
Muchos veterinarios ofrecen este servicio, especialmente en zonas urbanas. La eutanasia en casa puede ser mucho más tranquila para el animal — en su entorno conocido, sin el estrés de la clínica — y también para la familia. Pregúntale directamente a tu veterinario si lo ofrece.
La muerte natural en animales enfermos puede implicar sufrimiento prolongado. La eutanasia es una muerte inducida de forma rápida e indolora cuando la calidad de vida ya no es digna. La mayoría de los veterinarios y expertos en bienestar animal la consideran el mayor acto de compasión cuando el sufrimiento no tiene solución.
¿Te ha ayudado este artículo? Guárdalo para cuando lo necesites y compártelo con alguien que esté atravesando esta decisión. Nadie debería tomarla en soledad.

Deja un comentario