Alojamiento canino en Camping Castell Mar

Una playa canina como la de La Rubina se merece un alojamiento a su altura y lo cierto es que este camping en Roses (Girona) no nos decepcionó para nada.

Como véis está a tan sólo 100 metros de la playa para perros y se accede mediante un camino por lo que no hay ni que coger coche, en tan sólo 5 minutos andando te plantas allí.

Aunque ya habíamos estado en otros campings éste nada más entrar se notaba que era distinto.

Lo primero que hicieron es darnos una plaquita para Blondi con el número de nuestro bungalow para que estuviera identificada siempre que anduviera por el camping; o sea que ¿los perros tenían libertad? Pues sí (siempre y cuando sepas que no se mete en líos, claro) así que fue todo un descubrimiento nada más empezar.

Durante el día, dejábamos la puerta abierta porque Blondi no se suele alejar nunca de nosotros  (ya sabéis que es un poco miedosa), sin embargo, sí que salía todos los días a ver a la perra que teníamos de vecina que era una labradora ya mayor de un matrimonio francés. Muchas veces la pillábamos al lado suya incitándola para que jugara mientras la otra la miraba con cara de ¡déjame en paz!

El bungalow tenía dos habitaciones, una pequeña sala de estar, una cocina con lo justo para cocinar, el cuarto de baño y una terracita en el exterior con mesa, sillas y tumbonas.

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Como cualquier otro camping durante la noche hacían espectáculos pero lo mejor de todo es que cuando te sentabas para verlo te traían el menú normal y el menú canino. Y os tengo que confesar que me encantó esa sensación de poder sentarme tranquilamente tanto dentro del restaurante como en la terraza con ella y que la trataran como uno más trayéndole su cuenco de agua y su comida.

El único inconveniente que ví es que había una piscina enorme y encima siendo septiembre no había mucha gente y ahí sí que no dejaban que entraran los perros por lo que para que fuera ya el paraíso perruno podían hacer una piscina específica también para ellos como las que hay aquí en Madrid.

Lo que sí tenían era una ducha para cuando llegabas de la playa para ellos, justo al lado de la de los humanos y poder quitarles toda la arena de la playa.

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Como alojamiento canino le doy un 10 porque como imagináis el 90% de las personas van con perro y hay un ambiente muy bueno. Ojalá hubiera más lugares cómo éste en España.

Pero no os creáis que sólo íbamos a la playa y ya está porque también tuvimos tiempo de hacer una pequeña ruta a Castell de Burriac en Cabrera del Mar y de visitar Cadaqués, ese pequeño pueblo marítimo considerado uno de los más bonitos de Cataluña y donde se encuentra parte del universo de Dalí.

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Como véis Blondi está hecha toda una perra viajera.

Y ahora que vuelve el buen tiempo, ya estamos preparando nuevos destinos así que ya os los iré contando en el blog.

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