Y de repente… ¡descubrió la nieve!

Los que nos conocéis de hace algún tiempo ya sabéis cómo es Blondi, toda una aventurera que siempre viene con nosotros a cualquier viaje que hagamos y después de haber estado en playa, montaña y ciudad ¡sólo le faltaba una cosa por descubrir!: la nieve.

Hasta el momento no habíamos tenido ocasión de ir pero estábamos deseando que cayeran unos cuantos copos y aprovechar el momento.

Yo sabía que era salvaje pero me gustaría que hubierais visto el ataque de locura que le dio nada más bajar del coche. Hacía mucho tiempo no veía a Blondi así, tanto que no nos hizo ni “puñetero” caso mientras estábamos allí. Normalmente viene en cuanto la llamo y siempre está pendiente de mí, pero ella ya tenía suficiente con revolcarse en la nieve para asegurarse que estaba fresquita, olerla, intentar comérsela a bocados y comprobar que se derrapaba muy bien en ella. Estaba loca yendo de un sitio a otro y yo encantada de verla que disfrute tanto. Es una de las cosas que más valoro de ellos, viven el momento al 100% y nos enseñan a vivir de otra manera disfrutando de cada instante.

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El lugar elegido fue el puerto de Cotos porque en Madrid es de los pocos sitios donde podemos disfrutar de la nieve y aunque los fines de semana suele ser un poco caos porque va mucha gente, si tenéis la oportunidad de ir entre semana será fantástico; además muchos como nosotros aprovecharon también para ir con sus perros por lo que encima encontrarán compañeros de juego.

Yo que soy un poco friki fuí cargada de una zanahoria porque me hacía mucha ilusión poder hacer un muñeco de nieve, y éste fue el resultado.

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Mientras lo hacía no penséis que Blondi estuvo allí viéndolo, ella lo único que hacía era subir y bajar como una loca por la ladera.

En cuanto a las precauciones que tomé para ir hasta allí fue echarle durante unas semanas antes crema hidratante en las almohadillas (1 vez por semana) para que no se le agrietaran o quemaran con la nieve porque además en muy propensa a ello en invierno, cogí también una toalla para secarla después y un poco de agua por si tenía sed. Como sabéis ella es una perra que le encanta el invierno por lo que estuvo en su salsa y sin ningún signo de que pudiera tener frío en ningún momento.

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Ha sido un día de muchas risas, diversión y que no olvidaré porque me encantan esos ataques de locura que muestran lo feliz que es.

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