La separación

Tal y como os contaba en el post de ¿Cómo nos conocimos? (II Parte), Blondi y Senda tuvieron que separarse para irse cada una con su familia definitiva.

Recuerdo perfectamente los primeros días de su llegada que estaban siempre juntas, dormían una encima de la otra, cada una se pedía una zapatilla de mis pies para mordérmela y hasta cuando hacía caca una, la otra iba detrás a comérsela.

Como cualquier cachorro estaban empezando a descubrir el mundo, un mundo lleno de agujeros en el jardín, primeros ladridos, pelotas pinchadas y algunas peleas como buenas hermanas.

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Eran muy graciosas pero tengo que reconocer que era una odisea tenerlas a las dos juntas por lo que es una experiencia que sólo recomiendo a personas con mucha paciencia. Yo muchas veces decía a las 2 de la mañana: ¿pero esto va a ser así siempre? ¿por qué no se duermen? ¿cómo van a querer seguir jugando?

Incluso para salir a la calle era complicado ya que tenían que ir sueltas porque si intentábamos ponerle los collares se los empezaban a morder mutuamente hasta que se los quitaban. Tiempo después lo cierto es que descubrí lo bien que nos vino porque desde que tenían apenas 3 meses salían así (vivimos en una zona de reciente construcción en la que no había nadie y las calles estaban cortadas al tráfico) y se acostumbraron a venir cuando las llamábamos.

Pues eso, después de casi 3 semanas muy intensas ¡llegó el momento de que Senda se fuera con su familia para que se acostumbrara a su nueva casa lo antes posible! Y lo hicimos de la mejor forma que creímos ya que como estaban acostumbradas a ir a la casa de los padres de Sergio juntas, las llevamos como siempre, estuvimos allí unas horas pero a la vuelta sólo Blondi se vino con nosotros. En ese momento no se dio cuenta pero sí cuando llegó a casa.

Creo que fue uno de sus peores momentos porque hasta entonces aunque había experimentado algunos cambios importantes en su vida, siempre había estado acompañada de su hermana, así que comenzó a correr, llorar y ponerse muy nerviosa dando vueltas por toda la casa a ver si la encontraba. No os exagero que estuvo unas 2 horas sin parar así que esa noche dormimos juntas para que se tranquilizara y no se sintiera tan sola.

Senda por su parte hizo exactamente lo mismo y es que a pesar de que estaba en un ámbito conocido todavía no lo asociaba como su hogar; menos mal que desde el primer momento le dieron tanto amor y tantas chuches que se adaptó en seguida.

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Ahora cada vez que vamos a verla se pone muy contenta y sabe perfectamente quienes somos, sin embargo, os voy a contar la parte más negativa de la separación: ellas ahora no se llevan bien.

El caso es que comenzamos a juntarlas según iban creciendo pero cada una ya había cogido la territorialidad de su casa y cuando Senda venía a casa a Blondi no le hacía gracia. Es una mezcla de dominancia, celos, territorialidad… así que nos vimos obligados a que se vieran en espacios abiertos y nunca sea en casa de ninguna de las dos.

Ahora hace ya unos 7 meses que no se ven porque son ya más mayores, con un carácter más marcado y la verdad que nos nos gustaría que se gruñeran, pero yo me niego a que esta historia acabe así. Os lo iré contando a través del blog porque nuestra intención es volver a empezar a juntarlas muy poco a poco, cueste el tiempo que cueste hasta que llegue el momento en el que vuelvan a ser las hermanas juguetonas y traviesas que eran.

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